Los dátiles son frutos secos dulces y nutritivos, ricos en fibra, potasio y antioxidantes. Han sido apreciados en Oriente durante siglos como símbolo de vida y hospitalidad, y se utilizan a menudo como edulcorante natural en lugar de dulces procesados. Sin embargo, a pesar de sus numerosos beneficios, los dátiles pueden suponer un riesgo para ciertos grupos de personas debido a su alto contenido en azúcar, fibra y sustancias específicas.
Los expertos afirman que los dátiles ayudan a reducir los antojos de dulces y contienen azúcares naturales (glucosa y fructosa), además de más vitaminas y minerales que los dulces procesados. El consumo moderado de estos frutos secos puede mantener el equilibrio energético y mejorar la digestión.
Sin embargo, existen categorías de personas que deberían limitar su consumo de dátiles. Estas son:
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personas con diabetes tipo 2 o intolerancia a la glucosa;
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aquellos que siguen dietas bajas en carbohidratos o cetogénicas;
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personas con sobrepeso;
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personas con síndrome del intestino irritable o problemas digestivos;
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personas con riesgo de cálculos renales (oxalatos);
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niños pequeños menores de 2 años debido al riesgo de asfixia y tensión en el sistema digestivo.
Además, conviene recordar el cuidado de los dientes: su consistencia pegajosa y su alto contenido de azúcar pueden provocar caries, por lo que se recomienda cepillarse los dientes o enjuagarse la boca después de comer dátiles. También pueden producirse reacciones alérgicas poco frecuentes.
Para un consumo seguro, los nutricionistas recomiendan combinar los dátiles con alimentos que ralentizan la absorción del azúcar, como el yogur, el queso o las gachas de avena. Es recomendable alternarlos con otras frutas secas, como higos o ciruelas pasas, y añadir frutos rojos (fresas, arándanos o frambuesas) para obtener más fibra y vitaminas.
Los dátiles pueden ser un complemento saludable y sabroso a la dieta si se consumen con moderación, teniendo en cuenta las contraindicaciones médicas individuales y las normas de higiene bucal.

