Mucha gente cree que las semillas de granada deben desecharse, a pesar de que representan casi la mitad del peso de la fruta y son completamente comestibles. La granada se compone de semillas rojas y jugosas (los arilos) y semillas duras o semiduras que contienen valiosos nutrientes para el organismo.
Las semillas de granada representan hasta el 20% del peso de la fruta. Poseen una densa estructura fibrosa, en cuyo interior se encuentra la parte jugosa del grano. En la medicina tradicional oriental, las semillas de granada se utilizaban para problemas digestivos, hinchazón y procesos inflamatorios.
Investigaciones modernas confirman que las semillas son ricas en ácidos grasos insaturados, antioxidantes, compuestos fenólicos y el raro ácido punícico. Estas sustancias se están estudiando para la prevención de la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares.
Los temores sobre una posible obstrucción intestinal no están respaldados por datos científicos. Las semillas de granada son pequeñas y blandas, y su fibra favorece una digestión normal. Se pueden comer granadas con semillas; no se digieren completamente, pero no dañan el organismo. Lo principal es la moderación y una buena masticación.
Según WebMD, la dosis óptima diaria de granada es de aproximadamente media fruta o media taza de semillas. Esto permite obtener todos los nutrientes sin sobrecargar el estómago ni consumir azúcar en exceso. Se recomienda a las personas con diabetes consultar con un médico antes de consumir granada.

