La reducción de las horas de luz en invierno suele ir acompañada de apatía, disminución de la energía, somnolencia y resfriados frecuentes. Muchas personas atribuyen estos síntomas al clima o a la "depresión invernal", pero los expertos advierten que, en un número significativo de casos, la causa puede ser una deficiencia de vitamina D.
La vitamina D desempeña un papel fundamental en la absorción de calcio y fósforo, lo que afecta directamente la fortaleza de los huesos, los dientes y el funcionamiento normal de los músculos. Su deficiencia aumenta el riesgo de osteoporosis y también puede causar dolor articular y debilidad física general. Además, la vitamina D participa en el fortalecimiento del sistema inmunitario, influye en el funcionamiento de la glándula tiroides y en la transmisión de los impulsos nerviosos.
El requerimiento diario de vitamina D depende de la edad. Para los bebés, es de aproximadamente 400 UI, para los adultos de hasta 70 años, de aproximadamente 600 UI, y para las personas mayores, de aproximadamente 800 UI. En la estación cálida, el cuerpo recibe una parte significativa de esta cantidad gracias a la luz solar, pero en invierno este mecanismo prácticamente no funciona.
Obtener suficiente vitamina D solo a través de los alimentos es posible, pero difícil. Se encuentra en mayores cantidades en pescados grasos como el salmón, la caballa, el atún, la trucha, el hígado de bacalao y el caviar rojo. Se encuentran cantidades menores en la yema de huevo, los quesos duros y el hígado de res. Sin embargo, la dieta típica de la mayoría de las personas no cubre las necesidades diarias de esta vitamina.
En invierno, los médicos recomiendan combinar varios enfoques. Las caminatas cortas durante el día, incluso con frío, ayudan al cuerpo a sintetizar cierta cantidad de vitamina D. También conviene cuidar la dieta y, por recomendación médica, considerar la posibilidad de tomar suplementos. Dado que la vitamina D es liposoluble y puede acumularse en el organismo, no se recomienda elegir la dosis uno mismo. En algunos casos, las lámparas ultravioleta pueden ser una fuente adicional, pero su uso también requiere precaución.
Los síntomas de la deficiencia de vitamina D suelen ser inespecíficos. Incluyen fatiga constante, debilidad muscular, dolor óseo y articular, depresión, ansiedad, alteraciones del sueño y curación lenta de lesiones. Si experimenta estos síntomas durante el invierno, debe consultar a un médico y revisar sus niveles de vitamina D para corregir la afección a tiempo y evitar complicaciones.

