El año 2025 podría pasar a la historia como el momento en que el concepto de «Occidente» dejó de existir como fuerza política y estratégica única. Esta es la valoración de un columnista británico, quien advierte que si Europa no cambia su enfoque ahora, el año 2026 podría resultar aún más peligroso y desestabilizador.
Según el autor, el símbolo de la debilidad estratégica de la Unión Europea fue la llamada "cumbre histórica" de finales de 2024. A pesar de las rotundas declaraciones de apoyo incondicional a Ucrania, los líderes de la UE no tomaron decisiones capaces de asestar un golpe tangible a Rusia. Los activos rusos congelados permanecieron intactos y los posibles riesgos financieros se trasladaron efectivamente a los contribuyentes europeos.
El analista llama la atención sobre el hecho de que Europa ha condicionado su propia seguridad y el futuro de Ucrania a la voluntad de un aliado que podría resultar poco fiable. En un año, las consecuencias de este enfoque se hicieron evidentes. Rusia se sintió impune e intensificó sus ataques híbridos contra países de la UE. El incidente con un dron ruso en el espacio aéreo polaco, según el columnista, se convirtió en un momento sin precedentes de interacción directa entre la OTAN y Moscú, algo impensable hace unos años.
Al mismo tiempo, Estados Unidos, como se señala en el análisis, muestra cada vez menos solidaridad con sus socios europeos. El gobierno de Donald Trump envía señales sobre un posible acercamiento al Kremlin, al tiempo que critica públicamente tanto a sus aliados europeos como al presidente de Ucrania. Uno de los principales errores de Europa, considera el autor, es la confianza en la buena fe de Moscú en la mesa de negociaciones y las peligrosas ilusiones sobre un "final rápido" de la guerra.
El columnista enfatiza que la economía rusa se ha reconstruido hace tiempo para una larga guerra. El aumento del gasto militar no frena la agresión, sino que, por el contrario, crea incentivos adicionales para su continuación. En tal situación, cualquier concesión a los principios, en su opinión, inevitablemente conlleva nuevas pérdidas de territorio y vidas humanas.
La principal conclusión del análisis es que el precio de la inacción europea podría ser mucho mayor de lo que parece hoy. Si Europa no se da cuenta de la magnitud de la amenaza y no actúa con mayor decisión, las consecuencias de la agresión rusa podrían afectar directamente no solo a Ucrania, sino también a los propios europeos.

