La glándula tiroides es un órgano clave responsable del metabolismo, los niveles de energía, el estado de la piel, el estado de ánimo e incluso la fertilidad. Sin embargo, su funcionamiento estable depende de diversos factores, la mayoría de los cuales están directamente relacionados con la dieta, la rutina diaria y la calidad del sueño.
Las hormonas tiroideas se crean a partir del aminoácido L-tirosina, un componente básico que el cuerpo obtiene de los alimentos ricos en proteínas. Por lo tanto, la falta de proteínas en la dieta o una mala digestión afectan inmediatamente el funcionamiento de la glándula tiroides. Los expertos recomiendan consumir regularmente carne magra, pescado, queso, huevos y mariscos; estos productos aportan al cuerpo todo lo necesario para la síntesis de hormonas.
El yodo orgánico es un oligoelemento crucial, sin el cual la glándula tiroides simplemente no funciona. Las algas, el pescado, el marisco y la sal marina son las principales fuentes de yodo en la dieta. Sin embargo, el yodo es solo uno de los elementos clave. Para el funcionamiento normal de la glándula tiroides, también se necesitan hierro, zinc, selenio, vitaminas B12, D y A, y ácido fólico. Estas sustancias se encuentran en verduras frescas, bayas, hierbas, carne, huevos y pescado azul.
La glándula tiroides es extremadamente sensible al régimen. Le encanta que una persona se duerma y se despierte a la misma hora, por lo que es recomendable acostarse antes de la medianoche. La falta crónica de sueño, los turnos nocturnos frecuentes o un horario irregular afectan negativamente el equilibrio hormonal.
Una alimentación regular es fundamental. Saltarse comidas, seguir dietas estrictas o ayunar durante un tiempo prolongado puede afectar la función tiroidea. Tres comidas principales al día, equilibradas en proteínas, grasas y carbohidratos, son la mejor prevención contra disfunciones en su funcionamiento.
Finalmente, sobre los paseos. Bajo la influencia de la luz solar, el cuerpo sintetiza vitamina D, uno de los componentes esenciales que la glándula tiroides necesita para su correcto funcionamiento. Por lo tanto, pasar al menos 20-30 minutos al sol al día no es un capricho, sino una necesidad importante.

