La única influencia real que le queda al presidente ruso, Vladímir Putin, es intentar abrir una brecha en las relaciones entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. Sin embargo, el líder estadounidense ahora es mucho menos susceptible a la manipulación del Kremlin que hace unas semanas, según Hamish de Bretton-Gordon, columnista del periódico británico The Telegraph.
Según él, por primera vez en muchos años, existen motivos reales para un optimismo cauteloso, y 2026 podría traer a Ucrania una paz justa y duradera. El analista señala que las declaraciones de Donald Trump sobre la disponibilidad del 95 % para un acuerdo de paz con Ucrania probablemente provocaron pánico en Moscú.
Esta respuesta, señala Bretton-Gordon, ha sido la forma tradicional del Kremlin de desinformación brutal y narrativas débiles. Cita como ejemplo la afirmación de que decenas de drones atacaron uno de los palacios de Putin, lo cual, según la inteligencia estadounidense, fue casi con certeza una operación de falsa bandera.
El analista enfatiza que tales acciones son un torpe intento de perturbar el proceso de paz, que se escapa rápidamente del control del Kremlin. Al mismo tiempo, lo que se vuelve cada vez más peligroso para las autoridades rusas es que, incluso dentro del país, la población comienza a dudar de las versiones oficiales de los hechos. Según Bretton-Gordon, la destrucción de la propaganda desde dentro a menudo se convierte en un presagio del colapso de los regímenes.
El peor escenario para Putin, según el columnista, es mantener la unidad entre Washington y Kiev. Si bien el plan de paz de Trump puede no ser ideal para Ucrania, parece mucho más peligroso para Moscú. Al Kremlin le preocupa especialmente que las garantías de seguridad de 15 años propuestas por Estados Unidos y la OTAN signifiquen en realidad una protección a largo plazo para Ucrania según los estándares de la Alianza.
Una señal aún más alarmante para Moscú es el debate público sobre la posibilidad de que se desplieguen tropas occidentales en territorio ucraniano. Bretton-Gordon señala que ninguna campaña de propaganda, ni siquiera la más potente, podría presentar tal resultado como algo distinto a una derrota estratégica para Rusia.
Las consecuencias económicas de un posible acuerdo pacífico también parecen extremadamente desfavorables para Rusia. Con la línea de frente congelada, será Estados Unidos, y no el Kremlin, quien negociará con Ucrania el acceso a los yacimientos de tierras raras en el Donbás. A esto se suma la posibilidad de reparaciones y el riesgo de la incautación de activos rusos congelados por un valor aproximado de 200 000 millones de dólares.
El analista también destaca dos factores clave que fortalecen la posición de Washington. En primer lugar, Moscú es cada vez más consciente de que el ejército ruso es incapaz de enfrentarse a la OTAN, incluso sin la participación directa de Estados Unidos. En segundo lugar, la caída de los precios del petróleo por debajo de los 60 dólares por barril está reduciendo significativamente la capacidad financiera que sustenta la maquinaria militar rusa.
Bretton-Gordon subraya que persisten los temores a una escalada nuclear, pero las tradicionales amenazas nucleares del Kremlin prácticamente han desaparecido en las últimas semanas. Afirma que Moscú comprende que el ruido nuclear ya no impresiona a los líderes europeos.
El observador cree que, sujeto a una mayor presión de los Estados Unidos y al restablecimiento simultáneo de las capacidades militares reales de los países europeos de la OTAN, 2026 podría ser un punto de inflexión y traer a Ucrania una paz justa y estable.

