El 31 de enero es el último día del mes y la fecha de varios eventos en el calendario religioso, festividades internacionales y creencias populares. Este día se ha considerado de mala suerte durante mucho tiempo, por lo que la gente procuraba comportarse con prudencia, evitar peleas y no salir de casa innecesariamente.
El 31 de enero, el mundo celebra el Día Mundial del Joyero, una festividad profesional para los artesanos que trabajan con metales y piedras preciosas. Este día está dedicado al arte de la joyería y a la habilidad de crear joyas. En diferentes países, se celebran eventos temáticos, talleres y eventos festivos. También se celebran el Día de la Cebra, el Día de la Inspiración Artística, el Día del Chocolate Caliente, el Día del Whisky Escocés y el Día del Intercambio de Semillas.
Según el nuevo calendario eclesiástico, los creyentes ortodoxos honran al ermitaño Nikita de Kiev-Pechersk el 31 de enero. Se le considera santo patrón y protector contra incendios y sequías. Se le invoca con oraciones para la curación de enfermedades, la liberación de adicciones y el apoyo espiritual en momentos difíciles de la vida. Según el calendario juliano, en este día se recuerda a los arzobispos Cirilo y Atanasio de Alejandría.
En Ucrania, el 31 de enero no es un día festivo público ni oficial. Se considera un día normal, por lo que los ucranianos pueden dedicarlo a la oración, a un descanso tranquilo o a felicitar a los representantes del sector joyero por esta festividad internacional.
En la tradición popular, este día tenía fama de ser desafortunado. Se creía que, tras un breve periodo de calor en enero, las heladas volverían con seguridad. El tiempo se juzgaba por señales: un cielo rojo al atardecer presagiaba un cambio brusco de tiempo; grandes bandadas de cuervos y grajos, heladas severas; una quema débil de leña, el deshielo; y carámbanos derretidos, el comienzo de la primavera. Nuestros antepasados procuraban no salir de casa en este día sin una necesidad urgente, para mantener la paz familiar y para bordar.
Según las creencias populares, no se recomendaba salir al exterior, especialmente al bosque, el 31 de enero, ya que se consideraba peligroso. El día también se consideraba desfavorable para las peleas y la resolución de conflictos, pues se creía que los conflictos podían traer soledad durante todo el año. Además, se advertía no dejar el fuego desatendido, ya que aumentaba el riesgo de incendios.

