La ensalada chuka, hecha con algas wakame o pinnatifidum, dejó de ser exótica hace tiempo; hoy en día se encuentra no solo en el menú de los restaurantes japoneses, sino también en los refrigeradores de los supermercados. La razón no es solo su agradable sabor, sino también toda una serie de propiedades beneficiosas.
Esta ensalada tiene una textura crujiente y elástica, un sabor ligeramente salado y dulce con un distintivo umami. A diferencia de las algas tradicionales, la chuka no desprende un penetrante olor a yodo, lo que la hace atractiva incluso para quienes normalmente las evitan.
La base de la ensalada es el wakame o unaria, un alga que crece en las aguas costeras de Japón, Corea y China. Por sí sola, la chuka casi no aporta calorías (unas 40 kcal por 100 g), pero tras añadirle un adobo de salsa de soja, mirin, aceite de sésamo, azúcar y especias, su aporte calórico aumenta a 150-190 kcal.
Sin embargo, el principal valor del chukka no reside en sus calorías, sino en su composición. Contiene:
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yodo, necesario para la salud de la tiroides;
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fósforo, potasio, hierro, magnesio;
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vitaminas A, D, E, K, C y grupo B;
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selenio — importante para la visión;
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ácidos grasos omega-3;
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colágeno, enzimas, proteínas vegetales y fibra dietética.
Gracias a esto, la ensalada chuka:
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fortalece la inmunidad;
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apoya la salud cardíaca y vascular;
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promueve el equilibrio hormonal;
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mejora la digestión;
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activa la actividad cerebral;
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combate la aterosclerosis;
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rejuvenece la piel;
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Ayuda en la prevención de la depresión y las neurosis.
Además, la chuka se considera un afrodisíaco natural. Su consumo regular tiene un efecto positivo en el bienestar, la energía y el bienestar emocional.
La ensalada Chuka no es solo un plato de moda, sino un verdadero superalimento verde que todos aquellos que se preocupan por su salud deberían incluir en su dieta.

