En Kiev se descubrió un plan a gran escala para organizar educación ficticia para migrantes extranjeros, supervisado por un exasesor del director de una de las universidades de medicina de la capital. El funcionario ayudaba a extranjeros a obtener tarjetas de identificación y visas de estudiante a cambio de sobornos, lo que les permitía residir legalmente en Ucrania sin estudiar.
Este plan fue posible gracias a documentos falsificados que certificaban la matrícula de los migrantes en la universidad. Los extranjeros que recurrían a los servicios del funcionario podían permanecer en Ucrania hasta cinco años sin asistir a ninguna clase.
El sospechoso fue arrestado en su lugar de trabajo, mientras recibía otro soborno: 33.000 grivnas de un "estudiante". Durante los registros, las fuerzas del orden incautaron el dinero y otras pruebas de la actividad ilegal.
Por organizar este plan, el ex asesor universitario enfrenta una pena de hasta 10 años de prisión, ya que la investigación lo incrimina con varios artículos del Código Penal de Ucrania.
Este caso se convirtió en otra señal para los agentes del orden sobre los graves abusos en el sector educativo, que socavan la confianza en las instituciones de educación superior ucranianas.

