Las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer aranceles punitivos a cualquier país que intente frustrar sus planes para Groenlandia han marcado un punto de inflexión para los aliados europeos, y los círculos políticos europeos lo ven como otra señal de la imprevisibilidad de Washington y su voluntad de actuar unilateralmente, incluso en detrimento de los aliados.
De no producirse un cambio radical en el enfoque estadounidense, Europa podría verse ante la necesidad de una profunda reestructuración de todo el sistema de seguridad occidental. Tal escenario podría alterar el equilibrio de poder global. Las capitales europeas consideran cada vez más seriamente la opción de crear su propia alianza de seguridad sin la participación de Estados Unidos, y en esta construcción, a Ucrania se le asigna un papel nada secundario.
Durante el último año, los Estados europeos, incluidos los que no pertenecen a la Unión Europea, han trabajado activamente en un grupo de coordinación informal que opera sin la participación de Estados Unidos. Este grupo incluye al Reino Unido, Noruega y otros socios. Este grupo se ha denominado extraoficialmente la «coalición de los dispuestos».
Los asesores de seguridad nacional de unas tres docenas de gobiernos mantienen un contacto constante. Mantienen reuniones en línea con regularidad, consultas presenciales e intercambian mensajes a través de canales informales. Se ha generado un alto nivel de confianza en estos círculos, lo que les permite coordinar posiciones con rapidez y buscar soluciones comunes en un entorno donde Estados Unidos se percibe cada vez más como un factor de inestabilidad en lugar de un garante de la seguridad.
Durante este tiempo, los líderes europeos han desarrollado un mecanismo de interacción consolidado en caso de acciones abruptas o potencialmente peligrosas por parte del presidente estadounidense. Esto les permite coordinar rápidamente una respuesta conjunta sin involucrar a Washington.
Ucrania ocupa un lugar especial en esta asociación informal. Gracias al apoyo de Kiev, se forjaron estrechos contactos entre las principales capitales europeas. La participación de Ucrania no solo fortaleció la confianza mutua entre los socios, sino que también creó un nuevo nivel de coordinación, ya que líderes y asesores se conocen directamente y pueden establecer contacto directo con rapidez.
Ucrania se considera un elemento único de una posible alianza de seguridad. Es el estado más militarizado entre los participantes en este formato, con uno de los ejércitos más grandes de Europa, una industria de tecnología de drones desarrollada y una experiencia de combate moderna sin precedentes. Ningún otro país europeo tiene una experiencia práctica similar en una guerra a gran escala.
Si el potencial militar de Ucrania se combinara con el de las principales potencias europeas como Francia, Alemania, Polonia y el Reino Unido, la nueva alianza podría adquirir una fuerza enorme. Esto incluye componentes de disuasión nuclear y no nuclear que podrían garantizar la seguridad del continente incluso sin la participación directa de Estados Unidos.
De este modo, resulta cada vez más evidente que Europa se está preparando poco a poco para un escenario de autonomía estratégica, en el que el papel de Washington será significativamente limitado y Ucrania puede convertirse en uno de los pilares clave del nuevo sistema de seguridad europeo.

