La semana pasada, se anunciaron licitaciones por valor de más de 17 mil millones de grivnas a través del sistema Prozorro. La mayor y más costosa de ellas es el proyecto de construcción de un nuevo puesto de control en la frontera entre Ucrania y Rumanía en Transcarpatia. Su ejecución se confió a la empresa turca Onur Construction International por 2 mil millones de grivnas. Pero tras el nombre tan llamativo se esconden un procedimiento opaco, una competencia formal y el riesgo de estimaciones imprecisas.
El puesto de control se ubicará cerca de la aldea de Bila Tserkva, en el distrito de Tyachiv, Transcarpatia, frente a la ciudad rumana de Sighetu Marmației. La infraestructura incluirá:
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6 carriles para vehículos de pasajeros,
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2 carriles para autobuses,
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6 carriles para camiones.
Se prevé que hasta 1.000 vehículos pasen por este punto diariamente. Hasta 40 guardias fronterizos y agentes de aduanas trabajarán por turno. El contratista deberá finalizar las obras para 2028.
Solo dos empresas participaron en la licitación: Onur y Avtomagistral-Pivden. La oferta ganadora fue solo un 2% más barata. Este nivel de "descuento" es un indicio típico de acuerdos o de falta de competencia en el mercado.
Además, Onur tendrá control total sobre todo el proceso, desde el diseño hasta la construcción. Esto significa que la empresa determinará qué construir y cuánto costará, una vez aprobado el contrato. Este enfoque minimiza el margen de control externo y facilita la manipulación de las estimaciones.
Actualmente, no hay información pública disponible sobre el coste de los materiales, los precios de la obra ni un presupuesto detallado. Todo esto solo estará disponible una vez finalizada la fase de diseño. Sin embargo, el contrato ya se ha firmado, y los 2.000 millones de grivnas asignados se convertirán en un límite máximo por debajo del cual se ajustará el proyecto.
La construcción de un nuevo puesto de control internacional es un paso estratégicamente importante que puede aliviar significativamente las fronteras occidentales de Ucrania. Pero que esta instalación se convierta en otro ejemplo de estimaciones infladas y mala calidad depende del control público y de una auditoría independiente. Porque sin transparencia y competencia real, los grandes proyectos siguen siendo una herramienta conveniente para despilfarrar fondos presupuestarios.

