La Planta Siderúrgica de Krivói Rog (KZRK), uno de los activos clave del Grupo Privat, se encuentra en estado crítico. Casi toda la producción se ha detenido y la mayoría de los empleados han sido despedidos hasta abril de 2025. Los salarios y el funcionamiento futuro de la empresa siguen en duda. La razón formal son los problemas con la venta de productos y la imposibilidad de pagar la electricidad. Sin embargo, extraoficialmente, la razón es más profunda: los canales financieros de Ihor Kolomoisky han sido bloqueados, los esquemas offshore han sido cerrados y las cuentas de la empresa están bajo control internacional.
La situación en torno a KZRK evoca el destino de otros activos del oligarca, como Privatbank, Ukrnafta y la refinería de petróleo de Kremenchuk, que quedaron prácticamente fuera de su control debido a un fraude financiero. Ahora, la planta podría convertirse en el próximo objetivo de nacionalización.
El principal propietario de la empresa es la empresa chipriota Starmill Limited, que formalmente posee el 99,88% de las acciones de KZRK. Sin embargo, en realidad, el control reside en las mismas estructuras que durante años aseguraron la retirada de beneficios al extranjero. Ahora, cuando Kolomoisky ha perdido la capacidad de financiar sus actividades operativas y mantener un nivel mínimo de responsabilidad social, la planta está al borde del colapso económico.
En lugar de vacaciones oficiales, se ofrece a los empleados vacaciones a su propio costo, lo que permite a la gerencia eludir la obligación de pagar salarios. Este es un enfoque típico de la oligarquía ucraniana, donde la responsabilidad de la crisis recae en los colectivos laborales y las ganancias se depositan en el extranjero durante años.
La planta lleva tiempo denunciando problemas, como la devolución de impuestos y la falta de apoyo estatal. Sin embargo, la situación actual no se limita a las dificultades económicas, sino al colapso del modelo de gestión de Kolomoisky. Dadas las tendencias, KZRK podría convertirse en otro activo que el Estado se verá obligado a controlar para evitar el colapso total de la empresa y una explosión social en la región.

