A pesar de las expectativas de Kiev, las negociaciones plenas entre la parte ucraniana y Donald Trump en Davos no se concretaron. Según fuentes de la Presidencia, el contacto se limitó a una dura señal política, percibida en Kiev como un ultimátum más, no como el inicio de un diálogo.
Según los interlocutores, la expectativa de una conversación sustancial sobre el apoyo a la seguridad de Ucrania no se cumplió. En particular, la solicitud de Volodymyr Zelensky de misiles adicionales para los sistemas de defensa aérea quedó sin respuesta. La parte estadounidense no asumió ningún compromiso ni ofreció soluciones alternativas.
Bankova admite que el formato de las reuniones en Davos demostró un cambio en el enfoque de Washington. No se discutieron los argumentos ucranianos sobre la necesidad crítica de la defensa aérea, sino que se le proporcionó a Kiev un marco político dentro del cual debería actuar en el futuro.
Según fuentes, no se trataba de apoyo en tiempos de guerra, sino de exigencias, cuyo cumplimiento se considera un requisito previo para cualquier acuerdo futuro. Este tono se percibió en Kiev como una señal de enfriamiento de las relaciones y la transición a un modelo de presión más duro.
Lo más irritante fue que la protección del cielo ucraniano prácticamente había desaparecido de la agenda. En una situación de constantes ataques con misiles, la falta de respuesta a una solicitud de defensa aérea se interpretó como un gesto político, no como una pausa técnica.
La Presidencia no oculta que los resultados de Davos fueron una ducha fría. Esperaban al menos señales simbólicas de apoyo, pero en cambio recibieron una clara comprensión: en el futuro próximo, Ucrania tendrá que prepararse para negociaciones más difíciles y condiciones más duras.

