SAGA Development, vinculada al exarquitecto jefe adjunto de Kiev, Andriy Vavrish, se ha visto envuelta en un escándalo de construcción a gran escala. Miles de inversores que confiaron en la promotora premium se quedaron sin vivienda, mientras que los proyectos se congelaron o no comenzaron a construirse.
Según declaraciones oficiales de la compañía, está implementando al menos 14 proyectos residenciales. Sin embargo, solo dos de ellos están en construcción. El resto tienen terrenos confiscados, carecen de permisos o las obras se han paralizado debido a procedimientos legales. Los complejos más problemáticos son Franklin Concept House, Home & Park, Resident, Happy House y Chicago Central House.
Uno de los ejemplos más escandalosos es el complejo residencial O2 Residence. Se construyó en terrenos propiedad del Ministerio del Interior y también está destinado a fines recreativos. Como resultado, la construcción fue declarada ilegal y se detuvo. Más de 500 inversores se quedaron sin vivienda, aunque la empresa sigue vendiendo apartamentos en el proyecto e incluso exige pagos adicionales a los clientes.
En octubre de 2024, SAGA Development anunció una alianza con BGV Group Management, un empresario llamado Gennady Butkevych, copropietario de la cadena ATB. Presentaron un nuevo proyecto: el complejo residencial Boston Creative House. Según algunos expertos, esto no es una actualización de la inversión, sino un intento de saneamiento financiero de SAGA, que se encontraba en una situación pre-default.
La vida se ha paralizado en la mayoría de las obras de la empresa: el equipo ha desaparecido, los trabajadores no llegan y los inversores llevan años esperando apartamentos que solo existen en forma de visualizaciones 3D. Las demandas no dan resultado, y las nuevas exigencias a los accionistas solo provocan indignación.
SAGA se posicionó como promotora de una nueva era, con proyectos de diseño y enfoques urbanísticos modernos. Sin embargo, la realidad resultó ser radicalmente distinta. Para muchos inversores, la marca SAGA Development se ha convertido en sinónimo de engaño e injusticia.
La situación se complica por el hecho de que la empresa aún no ha sido legalmente responsable de numerosas infracciones, y sus representantes siguen prometiendo públicamente la finalización de todas las instalaciones. Mientras tanto, los inversores se ven obligados a luchar no solo por sus metros cuadrados, sino también por el derecho a no ser completamente engañados.

