Bajar la temperatura de tu dormitorio por la noche puede afectar significativamente no solo la calidad de tu sueño, sino también tus gastos domésticos. Los expertos en ahorro de energía y sueño coinciden en que el calor excesivo por la noche es perjudicial tanto para el cuerpo como para el bolsillo.
Durante el sueño, el cuerpo humano se enfría de forma natural. Si el aire de la habitación permanece demasiado caliente, este proceso se altera: el sueño se vuelve superficial, los despertares nocturnos se vuelven más frecuentes y aparece una sensación de fatiga por la mañana. Por eso, un dormitorio más fresco contribuye a un descanso más profundo y estable.
La temperatura óptima para dormir por la noche se considera entre 18 y 21 grados Celsius. En estas condiciones, el cuerpo entra más fácilmente en la fase de sueño profundo y los sistemas cardiovascular y nervioso funcionan en un modo tranquilo.
Se debe prestar especial atención a las familias con niños. A los bebés y niños pequeños les cuesta más regular su temperatura corporal, por lo que la clave no es subir la temperatura en todo el apartamento, sino vestirlos y abrigarlos adecuadamente. Un niño suele ir un poco más abrigado que un adulto, sin que la habitación se sienta sofocante.
Desde la perspectiva del ahorro energético, bajar la temperatura por la noche es una de las soluciones más efectivas. En la temporada de frío, bajar la calefacción unos grados por la noche puede reducir significativamente el consumo de calor sin comprometer la comodidad. Durante el día, basta con mantener una temperatura moderada y abrigarse bien.
Para evitar que una habitación fría se asocie con incomodidad, los expertos recomiendan bajar la temperatura gradualmente, aproximadamente media hora antes de acostarse. El aumento automático de la temperatura matutina antes de despertarse también funciona bien, haciendo que levantarse de la cama sea mucho más agradable.
Si las parejas tienen preferencias de temperatura diferentes, es fácil resolver el problema sin cambiar la temperatura de toda la habitación. Mantas separadas, camas de diferentes densidades o cubrecolchones individuales permiten que todos duerman cómodamente incluso con la misma temperatura fresca.
Una noche fresca no se trata de pasar frío, se trata de recuperarse. Este enfoque te ayuda a dormir mejor, reduce el estrés en tu cuerpo y, al mismo tiempo, reduce los gastos de calefacción.

