Saltarse el desayuno no tiene ningún impacto negativo en la función cognitiva, según un análisis a gran escala de docenas de estudios que examinaron los efectos del hambre a corto plazo en la función cerebral la Universidad de Auckland
El metaanálisis analizó más de 70 estudios que evaluaron la atención, la memoria, la velocidad de pensamiento y la concentración. En total, participaron más de 3000 personas, a quienes se comparó con una alimentación normal y en ayunas durante 8 a 24 horas.
Los resultados mostraron que no hubo diferencias estadísticamente significativas en las puntuaciones de las pruebas cognitivas entre estos grupos. En otras palabras, el cerebro mostró un rendimiento igualmente estable tanto después del desayuno como sin él.
Los autores explican esto por la capacidad del cuerpo para adaptarse rápidamente a una falta temporal de calorías. Ante la falta de glucosa en los alimentos, el cuerpo recurre a las reservas energéticas internas, en particular a los cuerpos cetónicos, que se forman durante la descomposición de las grasas. Estos compuestos pueden proporcionar energía al cerebro eficazmente sin reducir el rendimiento mental.
Por lo tanto, el hábito de comer o saltarse el desayuno no es crítico desde el punto de vista del funcionamiento cerebral y depende más del bienestar individual, la rutina diaria y las preferencias personales, que de la necesidad fisiológica.
Al mismo tiempo, los investigadores prestan atención a otro aspecto de la conducta alimentaria: el metabolismo. Se cree ampliamente que las comidas frecuentes en pequeñas porciones pueden acelerar el metabolismo, mientras que comer con menos frecuencia puede ralentizarlo. En este contexto, saltarse el desayuno no necesariamente contribuye a la pérdida de peso y, en algunos casos, puede tener el efecto contrario. Por lo tanto, la alimentación matutina debe considerarse de forma integral, teniendo en cuenta la dieta general, el estilo de vida y las características individuales del cuerpo.

