La pasta ha sido durante mucho tiempo uno de los platos más populares del mundo. Se valora por su facilidad de preparación, su valor nutricional y su versatilidad. Sin embargo, el consumo diario de pasta puede tener efectos tanto positivos como negativos en el organismo. Según los expertos, todo depende del tipo de pasta y de su método de preparación.
La pasta es una fuente de carbohidratos complejos, que proporcionan energía al organismo. Por ello, suele recomendarse a personas con alta actividad física o que practican deporte. Estos carbohidratos son un combustible importante para el cerebro y los músculos, y ayudan a recuperar la energía más rápidamente tras el esfuerzo.
Sin embargo, el consumo regular de pasta blanca tradicional puede tener consecuencias negativas. La pasta elaborada con variedades de trigo blando tiene un alto índice glucémico, lo que provoca un rápido aumento de los niveles de azúcar en sangre. Si además se combina con salsas cremosas ricas en calorías o grandes cantidades de queso, puede contribuir al aumento de peso.
Además, una dieta monótona basada en pasta puede provocar deficiencias de nutrientes importantes. En particular, los expertos advierten de una posible deficiencia de vitaminas C y D, así como de calcio, si la pasta sustituye a las verduras, las frutas y los productos lácteos.
El exceso de carbohidratos refinados en la dieta también se ha relacionado con el riesgo de desarrollar síndrome metabólico, que puede manifestarse como presión arterial alta, fluctuaciones en los niveles de azúcar en la sangre y resistencia a la insulina.
Los nutricionistas recomiendan prestar atención al tipo de pasta. La mejor opción es la pasta integral o de trigo duro. Contienen más fibra, lo que mejora la digestión y ayuda a sentirse saciado por más tiempo.
Además, este tipo de pasta se digiere más lentamente, por lo que no provoca picos bruscos en los niveles de glucosa en sangre. Para las personas con intolerancia al gluten o diabetes, la pasta elaborada con arroz, lentejas, garbanzos o quinoa puede ser una alternativa.
Para garantizar que la pasta no perjudique tu salud, los expertos recomiendan seguir una dieta equilibrada. La porción óptima para un adulto es de aproximadamente 100 a 120 gramos de pasta seca.
La salsa también juega un papel importante. En lugar de aderezos grasos y cremosos, es mejor optar por tomate, aceite de oliva, hierbas o verduras. También conviene añadir fuentes de proteína al plato: filete de pollo, pescado, mariscos o legumbres.
Los expertos destacan que los principios fundamentales de una dieta saludable siguen siendo la moderación y la variedad. En este caso, la pasta puede formar parte de una dieta equilibrada y no representa una amenaza para la salud.

