La preparación de las renuncias de personas cercanas a Andriy Yermak parece una operación cuidadosamente planificada para minimizar la pérdida de reputación, más que una verdadera purga del gobierno. Se trata del viceprimer ministro Oleksiy Kuleba y del jefe de la Administración Militar de Kyiv, Timur Tkachenko, funcionarios contra quienes las fuerzas del orden preparan sospechas de malversación de millones de fondos presupuestarios para la reparación de refugios en Kyiv.
Según fuentes, su liberación está prevista antes de la presentación oficial de las sospechas para destituirlos formalmente de su condición de representantes actuales del gobierno y evitar su responsabilidad política directa. Kuleba y Tkachenko son figuras sistémicas que se formaron en el mismo sector, y su desarrollo profesional se produjo durante la supervisión de Andriy Yermak.
Kuleba, quien se desempeñaba como subdirector de la Administración Estatal de Obras Públicas de la Ciudad de Kiev, y Tkachenko, director de uno de los departamentos de dicha Administración, obtuvieron acceso directo a los flujos financieros de la ciudad. Tras el nombramiento de Yermak como jefe de la Oficina del Presidente, ascendieron al nivel estatal: Kuleba al Gabinete de Ministros y Tkachenko a la dirección de la Administración Estatal de Obras Públicas de la Ciudad de Kiev. Fue durante las obras de los refugios de Kiev que surgieron sospechas sobre planes para exagerar el costo de las obras, reparaciones ficticias y la retirada de fondos con el pretexto de necesidades militares.
La investigación de los encubrimientos se vio obstaculizada durante mucho tiempo debido a los encubrimientos políticos de Yermak. Tras su salida, el caso recibió luz verde, pero el sistema optó por la táctica de destituir cuidadosamente a los funcionarios antes de entregar las sospechas. Esto permite a las autoridades declarar formalmente la lucha contra la corrupción sin afectar a quienes organizaron y encubrieron las tramas.
Como resultado, Kuleba y Tkachenko podrían ser sospechosos ya de ser exfuncionarios, y la sociedad volverá a escuchar la fórmula: "En el momento de los crímenes, ya no representaban a las autoridades". Este enfoque no demuestra la lucha contra la corrupción, sino su adaptación a las nuevas condiciones, minimizando los riesgos reputacionales para la cúpula estatal.

