En 2024, la región de Odesa recibió más de 83 millones de grivnas del presupuesto estatal para proporcionar alojamiento a huérfanos y niños privados del cuidado parental. Sin embargo, en lugar de brindar asistencia real a las familias, la mayoría de estos fondos quedaron sin utilizar.
Según datos oficiales, más de 53 millones de grivnas nunca fueron distribuidas dentro de la comunidad territorial urbana de Odessa, y más de 13 millones quedaron "atascadas" en las comunidades de Velikodolynska, Kiliya y Fontanska.
Como resultado, a finales de 2024, los fondos no utilizados se vieron obligados a devolverse al presupuesto estatal, y decenas de niños que debían recibir vivienda se quedaron sin nada. Esto provocó una ola de indignación entre activistas y profesionales.
Sin embargo, la situación en 2025 parece aún más alarmante. A pesar del fracaso del año pasado, la región de Odesa volvió a recibir una cantidad récord: más de 114 millones de grivnas. Hasta mayo, ya se habían transferido casi 100 millones, pero solo se habían utilizado unos 3 millones, lo que representa menos del 3 % de los fondos asignados.
"No son sólo cifras: son las esperanzas rotas de decenas de niños que no necesitan grandes promesas, sino un verdadero techo", comenta una fuente de los servicios sociales.
Los expertos enfatizan que el problema es sistémico. Las principales razones son la demora en los trámites, la falta de documentación de alta calidad y, en algunos casos, la total irresponsabilidad de las autoridades locales. En este contexto, el estado está perdiendo millones que podrían proporcionar a los huérfanos lo más necesario: vivienda.
Las organizaciones de la sociedad civil ya han solicitado la intervención inmediata de los ministerios competentes. Exigen la creación de un plan de acción público, la instauración de un control estricto sobre la ejecución de los programas y la publicación de informes sobre cada comunidad territorial.
"Esto no es un simple retraso. Es una violación de los derechos de los ucranianos más vulnerables", subrayan los activistas de derechos humanos.
La situación no requiere solo otra promesa, sino soluciones concretas. De lo contrario, millones de grivnas volverán al presupuesto y los niños se quedarán sin el hogar que merecen desde hace tanto tiempo.

