La deficiencia de vitamina E sigue siendo uno de los problemas de salud menos visibles, pero potencialmente peligrosos. A pesar de su papel clave en los sistemas inmunitario, nervioso y cardiovascular, los niveles de vitamina E rara vez se controlan de forma rutinaria durante las revisiones médicas de rutina.
La vitamina E es un potente antioxidante que protege las células del daño de los radicales libres. Contribuye al fortalecimiento del sistema inmunitario, reduce la inflamación, promueve la salud de la piel y los ojos, y ayuda a prevenir la formación de coágulos sanguíneos. Sin embargo, cuando existe deficiencia de esta vitamina, estos mecanismos de protección se debilitan gradualmente.
Expertos de la Clínica Cleveland señalan que la falta de vitamina E puede afectar gravemente al sistema nervioso. Entre las manifestaciones más comunes se encuentran debilidad muscular, alteración de la coordinación de movimientos, entumecimiento de las extremidades, aumento de la fatiga y disminución de los reflejos. En casos graves, pueden presentarse complicaciones graves, desde problemas de visión hasta ceguera.
Además, una deficiencia de esta vitamina puede provocar un debilitamiento del sistema inmunitario, lo que reduce la capacidad del cuerpo para resistir las infecciones. Otros signos pueden incluir anemia hemolítica y una disminución general de la resistencia. Los médicos enfatizan que si estos síntomas persisten durante mucho tiempo, retrasar el examen puede tener graves consecuencias.
La principal causa de la deficiencia de vitamina E suele ser una alteración de la absorción de grasas. Esto puede estar asociado con enfermedades hepáticas, pancreáticas, fibrosis quística o enfermedades inflamatorias intestinales crónicas, como la celiaquía o la enfermedad de Crohn. En algunos casos, el problema se presenta incluso sin diagnósticos graves, debido a una dieta baja en grasas a largo plazo.
Los recién nacidos, especialmente los prematuros, que reciben cantidades mínimas de vitamina E durante el desarrollo intrauterino, siguen siendo un grupo particularmente vulnerable. Este riesgo se reduce posteriormente mediante la lactancia materna o fórmulas adaptadas. En la edad adulta, la nutrición sigue siendo un factor de riesgo clave: sin suficientes grasas, la vitamina E simplemente no se puede absorber.
Los médicos enfatizan que la deficiencia de vitamina E puede no presentar síntomas evidentes durante mucho tiempo, pero al mismo tiempo deteriora gradualmente el funcionamiento de los sistemas vitales. Por eso, los exámenes regulares y una dieta equilibrada son fundamentales para mantener la salud.

