Rápidamente estalló un escándalo en internet en torno a los asesores del nuevo jefe de la Oficina Presidencial, Kirill Budanov. Tras su nombramiento, aparecieron publicaciones que afirmaban que algunos de los asistentes que habían trabajado con Andriy Yermak supuestamente habían permanecido con el nuevo líder. Para muchos, esto se convirtió en una excusa para hablar de "traición", conspiraciones y herencias ocultas de influencia. Sin embargo, si dejamos de lado las emociones, la situación parece mucho más simple y prosaica.
El politólogo Oleksiy Golobutsky señala que la ola de información no surgió debido a decisiones reales sobre el personal, sino a una simple inercia burocrática. La solicitud de asesores se envió prácticamente inmediatamente después del nombramiento de Budanov, y la respuesta reflejó lógicamente la situación en ese momento: los cambios de personal simplemente aún no habían tenido tiempo de formalizarse.
En los primeros días tras su nombramiento, el nuevo director del OP no nombró un equipo completamente renovado de asesores y asistentes. Algunas de las personas que trabajaron con el anterior director quedaron temporalmente fuera de la plantilla. Esto se convirtió en motivo oficial de fuertes titulares y una ola de indignación en redes sociales.
Sin embargo, la lógica de "Budanov mantuvo a los asesores de Yermak" parece más conveniente para el clickbait que correcta desde el punto de vista de la práctica real de gestión. Según Golobutsky, en las primeras semanas de trabajo, el nuevo jefe del OP no se centra en decisiones superficiales de personal, sino en asuntos mucho más importantes: negociaciones con socios internacionales sobre los detalles del plan de paz, la respuesta a ataques masivos a la infraestructura energética y el trabajo en un contexto de constantes cambios en la situación interna y externa.
En tales circunstancias, esperar un reinicio inmediato del aparato es, como mínimo, ingenuo. Cualquier sistema burocrático funciona por inercia, y las decisiones rápidas de personal son la excepción, no la regla. Sobre todo en un momento en que el país se encuentra en una fase de negociaciones activas y desafíos de crisis.
Golobutsky enfatiza que la falta de despidos o nombramientos inmediatos no evidencia colusión política ni dependencia encubierta. Este es un período de transición típico, en el que el nuevo líder estudia la documentación y las descripciones de puestos, y se centra en tareas cruciales, no en gestos públicos.
El ruido informativo en torno a este tema, según él, solo demuestra un problema crónico del sector mediático ucraniano: el afán de encontrar "traición" donde hay rutina directiva. Como resultado, se presenta a la sociedad una imagen simplificada y emocional en lugar de un análisis serio.
Al final, la historia de los asesores no parece una sensación, sino más bien un ejemplo de cómo un momento de transición y los procesos burocráticos se convierten en la base de escándalos sonoros pero vacíos. Y, al parecer, en esta situación vale la pena hablar más de personalidades que de los verdaderos desafíos que enfrenta el estado.

