Las restricciones dietéticas, ya sean forzadas o una decisión consciente, pueden afectar significativamente no solo el bienestar físico de una persona, sino también su estado psicológico. Controlar la alimentación, renunciar a alimentos habituales o seguir normas dietéticas estrictas puede cambiar las emociones, las reacciones conductuales e incluso la autoestima. Junto con la psicóloga clínica Marie Ro, los expertos explican en qué casos las restricciones dietéticas se vuelven peligrosas para la psique y a qué señales debemos prestar atención.
El impacto de la comida en las emociones es fácil de notar en la vida cotidiana. El hambre intensa suele ir acompañada de irritabilidad, disminución de la concentración y cambios repentinos de humor. Este es un claro ejemplo de cómo la falta de alimentos o nutrientes afecta el funcionamiento del cerebro. El cuerpo utiliza constantemente lo que comemos como fuente de energía y material de construcción para las células, incluidas las nerviosas.
Uno de los mecanismos clave de interacción entre la nutrición y la psique es el eje intestino-cerebro. El microbioma intestinal produce moléculas que afectan no solo la digestión, sino también el sistema inmunitario y la actividad de las células nerviosas. La alteración del equilibrio de la microflora, que puede ocurrir debido a enfermedades, el consumo excesivo de alimentos procesados o la toma de ciertos medicamentos, según investigaciones, aumenta el riesgo de desarrollar ansiedad y estados depresivos.
El cerebro necesita un aporte regular de aminoácidos, ácidos grasos omega-3, vitaminas del complejo B y antioxidantes para sintetizar neurotransmisores: serotonina, dopamina y otras sustancias responsables de la motivación, el estado de ánimo y la sensación de estabilidad. Cuando una dieta es pobre en estos componentes y se basa en las llamadas calorías vacías, el sistema nervioso opera en un déficit constante. Esto hace que la persona sea más vulnerable al estrés, el agotamiento emocional y los cambios de humor.
Los expertos destacan que una dieta variada y flexible ayuda a mantener el equilibrio psicológico. Añadir fibra, verduras, legumbres y alimentos fermentados al menú diario ayuda a aumentar la diversidad de bacterias beneficiosas en el intestino y a reducir la inflamación. A largo plazo, esto se asocia con una mejor resistencia al estrés, una mayor claridad mental y un estado emocional más estable.
Los expertos enfatizan que las restricciones dietéticas no deben convertirse en una fuente constante de estrés, culpa o miedo. Si el control de la alimentación comienza a afectar negativamente el estado de ánimo, causar ansiedad o crisis nerviosas, es una señal para reconsiderar tu enfoque nutricional y, si es necesario, consultar con un especialista.

