El hígado suele ser considerado el "trabajador anónimo" del cuerpo, ya que realiza cientos de funciones vitales a diario. Este órgano depura la sangre de sustancias nocivas, neutraliza toxinas, participa en la digestión de los alimentos y regula procesos metabólicos clave. Al mismo tiempo, el hígado prácticamente no envía señales de dolor en las primeras etapas de las enfermedades, lo que hace que sus patologías sean especialmente insidiosas.
Las observaciones médicas muestran que aproximadamente el 70 % de las personas con enfermedad del hígado graso desconocen que tienen un problema. La principal razón es la ausencia del dolor clásico. En su lugar, aparecen síntomas inespecíficos, que a menudo se atribuyen a la fatiga, una dieta desequilibrada o el estrés crónico.
Entre las primeras señales de alerta, los médicos mencionan un tono amarillento en la piel y el blanco de los ojos, la aparición de una marcada red vascular subcutánea, enrojecimiento de las palmas de las manos, hinchazón inexplicable y agrandamiento del bazo. Estos signos pueden indicar cambios internos graves y justifican una consulta inmediata con un especialista.
Los médicos enfatizan que la prevención es fundamental para mantener la salud hepática. Es importante reducir el consumo de azúcar y alimentos ultraprocesados, limitar el consumo de alcohol al máximo, mantener una actividad física regular, mantener un horario de sueño estable y evitar la automedicación, especialmente la que no se controla.
Anatómicamente, el hígado se ubica en la parte superior derecha del abdomen, debajo del diafragma, por lo que la sensación de presión o molestia suele presentarse debajo de las costillas derechas. Aunque el lóbulo izquierdo del órgano se extiende parcialmente hacia la parte central de la cavidad abdominal, el dolor en esta zona no suele estar asociado con el hígado. Las sensaciones desagradables en el lado derecho, debajo de la caja torácica, pueden indicar tanto disfunción hepática como problemas con las vías biliares, por lo que no deben ignorarse.

