Bielorrusia ha lanzado una prueba a gran escala de la preparación para el combate de sus fuerzas armadas, que, según Alexander Lukashenko, durará al menos hasta la primavera. Formalmente, se trata de una evaluación del cumplimiento del ejército con los estándares modernos, pero la naturaleza de los ejercicios y su duración preocupan en Ucrania.
Durante la inspección, el ejército bielorruso practica el uso de drones y equipos de guerra electrónica, y también incorpora reservistas. No se trata de un ejercicio rutinario, sino de un entrenamiento integral lo más cercano posible a las condiciones de combate reales.
La parte ucraniana sigue de cerca la actividad del ejército bielorruso, ya que Bielorrusia ha desempeñado un papel de apoyo, pero importante, en la infraestructura militar rusa desde el comienzo de la guerra a gran escala. Fue desde territorio bielorruso desde donde se lanzaron ataques con misiles contra las regiones del norte de Ucrania en 2022, y la logística de las tropas rusas se realizó durante mucho tiempo a través de los ferrocarriles bielorrusos.
Aunque la presencia de unidades rusas en Bielorrusia se ha reducido desde entonces, Minsk sigue ofreciendo su territorio como base militar. Esto incluye campos de entrenamiento, cuarteles, rutas de transporte y apoyo de infraestructura.
A pesar de la estrecha cooperación militar con Moscú, el ejército bielorruso no participa directamente en las hostilidades contra Ucrania. Esto se debe a la situación interna en Bielorrusia. La guerra sigue siendo extremadamente impopular entre la población, y el envío de soldados fuera del país conlleva el riesgo de desestabilizar internamente al régimen.
Al comienzo de la invasión a gran escala, algunos militares y oficiales bielorrusos se opusieron abiertamente a la participación del país en la guerra. Algunos abandonaron el servicio militar o abandonaron el país por completo. Este factor sigue disuadiendo a Lukashenko de participar directamente en la guerra con fuerza real.
La negativa a enviar soldados no implica neutralidad. La industria bielorrusa trabaja para satisfacer las necesidades del ejército ruso, y el territorio del país se utiliza para el lanzamiento de drones y el despliegue de elementos de la infraestructura de ataque. En otoño de 2025, se desplegaron en Bielorrusia misiles rusos de mediano alcance, declarados oficialmente como "defensivos".
Además, durante los ejercicios actuales, las autoridades bielorrusas anunciaron su intención de reforzar la seguridad fronteriza con Ucrania e invertir en nuevas instalaciones militares cerca de las zonas fronterizas. La construcción de campos de entrenamiento y la modernización de los puestos de control generan riesgos adicionales en la dirección norte.
Para Ucrania, el principal problema es la falta de garantías claras. Lukashenko asegura públicamente que no planea ir a la guerra, pero al mismo tiempo mantiene una plena integración militar con Rusia. Esto obliga al mando ucraniano a mantener la frontera norte en alerta máxima y a planificar posibles escenarios de amenaza.
Incluso sin una invasión directa desde territorio bielorruso, la mera posibilidad de tal desarrollo obliga a Ucrania a mantener fuerzas importantes en el norte, lo que afecta a la configuración general de la defensa.
La situación en torno a Bielorrusia seguirá siendo un factor de incertidumbre estratégica en los próximos meses. Ucrania y sus socios seguirán de cerca la evolución de los acontecimientos, ya que cualquier cambio en la postura de Minsk podría tener graves consecuencias para la seguridad regional.

